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lunes, 6 de enero de 2014

El Año del Wasapo


En realidad me hice del Whatsapp en diciembre de 2012, pero los efectos del trasvase del chat y los msn de siempre al engendro del telefonito verde se han producido este año pasado. Todos conocemos los efectos perversos de esa máquina de revelar la fragilidad intrínseca de la institución de la pareja a través de dobles check y datos sobre la última hora de conexión. Para los que aún tienen teléfonos de otra era, o sea, los mismos que todavía seguían sin móvil hace diez años, se puede encontrar un detallado reportaje aquí. Pero se  podría resumir en un twit: "1. Naces. 2. Creces. 3. Le mandas un whatsapp 4. Te aparece el doble check. 5. No te responde. 6. No te responde. 7. Mueres..." Ya sé que el doble check solo quiere decir que ha llegado el wasapo y que las notificaciones no demuestran nada, este último post del año no va de eso, sino del método para superar la Whatsapp-paranoia.

Esa nueva tecnología…

Esta generación mía ha visto muchos y variados trasvases tecnológicos. La globalización de los mercados no ha enseñado a todos en que consiste el concepto budista de “no permanencia” por la vía dura. Si no que se lo digan a cualquiera nacido en los años 40 o 50 del siglo pasado. El mundo de la Guerra Fría consistía en tecnologías épicas y misteriosas pagadas por el Estado o propiedad de villanos de James Bond, como eran las de la carrera espacial o la era atómica. El gran público solo tenía acceso a lo que podía encontrar en un hospital, los coches, la tele y el teléfono. Por lo demás vivía como en la época del telégrafo y la reina Victoria. La alta tecnología era algo propio del futuro. Por eso era normal que tanta gente creyera en los OVNI’s o la magia del cine...

Primero fueron los Spectrun y las consolas, un verano los niños jugaban con el tamagochi, y al siguiente todos tenían su pokemon. Del teléfono normal se pasó al móvil, al Internet, la banda ancha, Napster, Google, Youtube, Facebook & Twitter, Whatsapp… Y  por supuesto cada nueva tecnología iba a corromper a la juventud y traer la decadencia moral final. Conocemos al proceso bastante bien: aparece un trastito nuevo, y como en España somos tan modernos todo el mundo se lo compra en masa de un año para otro. Tratándose de tecnologías de comunicación tiene su lógica, vivimos en un país en el que se sale mucho de noche y de día, y resultan útiles para estar bien comunicados y controlados... Pero cada trasvase produce cambios sociales, da pie a nuevos negocios y arruina otros. Los que miran la ola desde la playa solo ven a alguien enfrascado en una pantalla. Toda esa historia de que la tecnología aísla y que la sociedad se va a hundir en un marasmo de incomunicación viene de algo tan simple, y si además quien mira tiene intereses en negocios que esa nueva tecnología perjudica el apocalipsis ya esta servido. Es por eso que teles propiedad de grandes grupos editoriales sacan tantos reportajes sobre los peligros de Internet. En ese caldo de cultivo se escriben millones de páginas, donde miles de expertos, sociólogos, psicólogos, sexólogos, curas, feministas, abogados, jueces, policías, defensores de la infancia amenazada y guardianes del futuro, dan su sesuda opinión. En esas aparece otra tecnología que acapara la atención mediática, se llega a una especie de consenso silencioso, todo se olvida tan rápido como empezó y el proceso vuelve a comenzar. Entonces es cuando los políticos se enteran que aquella tecnología existía y deciden “poner orden” con alguna ley para beneficiar a sus “amigos del alma” El Whatsapp sigue la rutina habitual, perfeccionada en cada iteración. Estamos en los últimos coletazos de la segunda fase. A lo tonto a lo tonto el icono verde ya lleva algunos años entre nosotros, y al final la crisis apocalíptica no la ha traído ninguna tecnología nueva sino cosas tan viejas como la codicia y la estupidez.

El efecto Whatsapp

El Whatsapp no va a traer el apocalipsis, sin embargo tiene su lado oscuro. Como el resto de tecnologías de comunicación, paradójicamente, entorpece la comunicación y disminuye su calidad. Ya quedan lejos los tiempos en que quedar era quedar y existía una mejor hora para llamar en que te iban a contestar porque estaban en casa ―ambas cosas cayeron victimas de móvil y chat―. Hoy siguen el mismo camino esos momentos en que te sentabas a chatear a solas en tu cuarto o te parabas un momento para escribir o contestar un mensaje. Lo que hace perverso el Whatsapp no es el doblé check o las notificaciones, sino que es una especie de quimera contra natura que mezcla el chat sincrónico, los mensajes asincrónicos y un aparato que llevas siempre encima. Como resultado de tal combinación ideada por satán la gente supone que puedes ponerte a chatear en cualquier momento, estés donde estés, y con la misma facilidad que antes contestabas un mensaje de texto. ¡Como si fuera tan fácil ponerse a chatear en mitad de la calle en invierno con las manos entumecidas y guantes de motero! Así sale lo que sale: "Peliz nazidad y portero ano nuevo!" 

Dado que el Whatsapp tiene todas las virguerías del chat, ―caritas, grupos, privados y demás―, se espera la misma velocidad en la respuesta y que sea en "tiempo real". No se piensa que la persona “No habrá visto el mensaje, ya contestara cuando pueda” (conversación asincrónica, como la de los correos y msn) sino “¿Por qué no contesta si está conectada?” (Conversación sincrónica, como la del teléfono, el chat o el mundo físico) El efecto más insidioso no son esas bobas peleas de pareja que todos conocemos, el verdadero efecto es más sutil y viene de la gestión que hacemos de esa situación. El resultado es que se aprende a ignorar el Whatsapp: silenciar los grupos, pasar de la doble señal, de las notificaciones, de los mensajes entrantes, todo antes de que te explote la cabeza y arruines lo que queda de tu antigua vida social. Al final contestas menos mensajes que antes y les prestas menos atención. Ya no hay llamadas, ni sesiones de chat, ni conversaciones, ni saludos, ni despedidas. El campaneo insistente te puede alcanzar durmiendo, sentado en el baño, en medio de la comida, yéndote corriendo al médico, o tratarse de tu  ex queriendo tener una conversación seria sobre los viejos tiempos cuando estas en pleno… Estar siempre disponible hace que no estés disponible nunca. Siempre te van a pillar haciendo otra cosa.

Es una aplicación más de la ley de la oferta y la demanda. Si la oferta supera enormemente la demanda ―no necesitamos conexión constante, leñe, hay que tener tiempo para dormir o mirar las estrellas―, la oferta acaba perdiendo su valor anterior. Te acuerdas mucho más de un momento “conversación” que de cualquier instante en el continuo murmullo de fondo del Whatsapp, que es como una televisión siempre encendida que te acompaña pero a la que ya no haces caso. Solo que en lugar de ser noticias manipuladas o la teletienda, son tus supuestos amigos a los que ignoras.
 
Generaciones

Ese efecto ya existía con chats y msn “¿Por qué no me contesta si está conectada?“ Porque no eres el centro de su  universo, abobado. Poder conocer cuando la otra persona está conectada y activa era una mejora con respecto a tener que estar adivinando cuando es el mejor momento para que no te gruñan, te planten a media conversación o te contesten con helados monosílabos cargados de razón: “como te atreves a importunar mi siesta, batracio”

Se pueden distinguir los miembros de cada generación contemporánea por sus modos de comunicarse en la red, pues los puntos de giro entre ellas no han venido marcados por estilos musicales o discursos políticos, sino por los cachivaches en uso en la época en que estaban en el instituto.

Los de la generación X, nacidos entre final de los 60 y 70 aun crecieron en un mundo sin móviles, pasando su etapa de secundaria a caballo entre los 80 y 90. Muchos se pervirtieron con la llegada de los móviles, pero los tardones, de espíritu ludita o aislados en su burbuja de trabajo/niños, aún conservan los modos de otra época. Se nota en que chatean contigo como si todavía estuvieran hablando por teléfono fijo, comienzan y terminan sus conversaciones con saludos o despedidas, y sus mail están escritos como si se hubieran sentado a la mesa con papel y boli, no como una respuesta en mitad de una conversación de chat.


Los de la generación del milenio son los que tenían alrededor de 20 años en el año 2000. La mayoría nacidos en los 80, ya crecieron con móviles en el instituto y aprendieron a socializar con ellos en la mano. Dicen que fue la LOGSE, pero no, fueron los móviles y el RC-chat. Se distinguen en que cuando quedas con uno quedas con todos sus amigos y familia. Pueden ignorar tranquilamente tus llamadas y mensajes, pues en su mentalidad saben que podrán contestar al rato desde otro sitio, o sea, cuando se les olvide y tengan cosas que hacer.  Sin embargo cuando quedan contigo contestan tranquilamente a todo el mundo que los llama, momento en el que te dedicas a mirar el paisaje escuchando toda su conversación al tiempo que fuerzas una expresión indiferente. Lo peor es cuando detectas esas frases bonitas y cariñosas que creías especiales para ti siendo usadas para hablar con esa otra persona “pesada” a la que acaban de colgar. Las horas de quedar se relajan, la puntualidad es cosa del sistema laboral opresor, pueden llegar tarde porque llaman de camino, y llaman quedar a hablar por chat… No, eso no es quedar. Es como comparar ir de putas con follar con el amor de tu vida. Falta algo. Su rasgo distintivo es la informalidad y la falta de palabra si no es por obligación, pues para ellos es normal cambiar de planes a medio camino y dejarse llevar por la corriente.
    
Pero esos ya empiezan a ser viejunos. La nueva generación son esos antiguos emos que han pasado su etapa del instituto en la época de las redes sociales y los teléfonos listos, y cuyos ejemplares más talluditos ahora nos regalan canciones moñas sobre la crisis. Estos son los del Whatsapp y aún no está muy claro que los distingue. Pero recordando experiencias anteriores puede ser bastante terrorífico, en la escala Orwell. Gente que ha aprendido que la vida privada ya no es privada, cuyo lema es “qué más da colgar tu foto en FB si no has hecho nada malo”, que ha sufrido en el instituto el ciber-acoso que se achaca al anonimato y al terminarlo la crisis que se achaca a la codicia, la corrupción y la falta de valores morales. Sobrevivirán gracias al apoyo de la familia y la comunidad, para ellos las libertades individuales serán secundarias, pues pondrán por encima de todo el deber moral cívico para evitar  caer en la corrupción, y sus valores serán la austeridad y el esfuerzo. Ya hubo una época así, la victoriana, que puso orden a los desmanes de la época de las revoluciones y la primera gran crisis del capitalismo. Con el añadido que estos conocerán todos los trucos de la red pues son nativos de ella, y cuando lleguen al poder habrá cámaras y chips por todas partes. “¿Por qué no quieres que anti-vicio controle lo que estás haciendo en tu dormitorio? Si no tienes nada que ocultar ¿Es que quieres volver a los locos años 10?” Ahora mirad a una de esas chicas modernas vestidas como sus abuelas, con sus corsés, moñitos y gafas vintage, ponedle 30 años encima y os saldrá la institutriz de Heidi. ¿Y qué tal uno de esos jovenzuelos de mostacho y patillas? Sí: “La Vuelta al mundo de Willy Fogg” El futuro.



Conflicto generacional X vs. Neo-Vickys: "Mal, mal, mal"


Superando el mal de Whatsapp

Bueno, creo recordar que esto iba de como superar la maldición del icono verde y alcanzar el efecto Whatsapp. Pues bien, a principios de año todavía estaba agilipollado por culpa de un caso grave de mal de amores, y todavía no recuperado del todo de las calabazas llegó el Whatsapp a mi vida…

Durante el año anterior había estado escribiendo algo a dos manos con esa persona y ya había comprobado las ventajas de saber que tu mensaje ha llegado a su destinatario gracias al chat de Facebook. Quien ha vivido el primitivo Internet por modem siempre guarda esa duda, “habrá llegado bien, sí, no” Saberlo hace que te puedas relajar y seguir con tus cosas, “le ha llegado, ya contestara” No estas pendiente del acuso de recibo (porque si la persona es de la generación del milenio o le has enviado tu currículum no te lo va a mandar) Ese es el lado luminoso del tema, pero paradójicamente algo creado para evitar preocuparse en otro contexto hace que te preocupes, te agobies, te obsesiones... Ya sabemos cómo funciona la combinación entre amoríos y whatsapp, no me extenderé en el tema. Al poco de comprarme mi primer móvil listo por navidad ya estaba infectado por el virus. Solo que lo sufría en silencio y con flotador. Poco después de hacerlo yo ella también se había comprado su propio móvil listo y estaba contagiada, aunque en su caso afecto al lóbulo de la amistad. Lo supe porque de pronto nuestras conversaciones por FB e intercambios de msn terminaron casi por completo. Así conocí el efecto Whatsapp.


Por suerte para todos eso del amor es una llama que si no la cuidas pronto pierde gas. Algo más de un año después de las calabazas conocí a otra chica, a diferencia de la primera esta era antisocial, o sea, vivía en un mundo prácticamente ajeno a los efectos de ese instrumento diabólico. Aparte su teléfono listo era un clon chino, como atestiguaba el hecho que de vez en cuando todos los textos del Android aparecían en caracteres chinos, y los wasapos me llegaban cuando el comité central quería. Tampoco informaba correctamente del tiempo de conexión. En resumen: nada garantizaba que me fuera a contestar ni podía saber si había llegado mi mensaje aunque la maquinita dijera que sí. De hecho pocas veces contestó al punto, sus mensajes llegaban al día siguiente o cuando podía ponerse a escribir. A la antigua usanza. Pero vivíamos en 2013, separados cien kilómetros uno del otro, y las dificultades de comunicación se suplían por otros medios. “Siempre nos quedara el Skype”… Ella era la que llamaba a nuestros whatsapps, wasapos, descubriéndome el término, y mas cuando por circunstancias empezamos a comunicarnos solo a través de ellos... Con mi mala suerte en amoríos la cosa no tardó en quedar en “stand by”, pero después de meses enviándole mensajes sin esperar respuesta de pronto me encuentro con que el virus del Whatsapp ha remitido.

Ya no tengo ese interés insano en comprobar si esta conectada, ni en mirar si le ha llegado mí mensaje, ni en esperar respuesta. Me pasa con ella y con el resto de mis escasos contactos, incluida su antecesora en el cargo. Es cuando te das cuenta que nunca has querido saber ninguna de esas cosas y para tu tranquilidad como hombre moderno, descubres que no las necesitas. He aprendido a ignorar el icono verde, de hecho ahora mismo tengo el móvil silenciado y con la tapa puesta. Solo miro si me ha llegado algo cuando decido hacerlo. He devuelto ese instrumento de satán al estado de simple teléfono… Bueno, casi, porque juego al Candy Crush y hago solitarios a la hora en que solíamos chatear por Skype, el demonio no se rinde fácilmente. Así ha terminado el año del Wasapo. Se puede ignorar y apagar, lo cual es un buen augurio para ese futuro Orwelliano que nos aguarda. Es el lado positivo del efecto Whatsapp: siempre habrá resistentes.

Para terminar aquí está la…


RECETA PARA SUPERAR EL MAL DE WHATSAPP

INGREDIENTES

Un móvil listo.
Un móvil listo chino roto.
Cuenta en Whatsapp.
Una pareja potencial que ignora tus mensajes por razones ajenas a su voluntad.


PREPARACIÓN

Conectar tu móvil listo.
Comprobar que su batería de duración absurda no se ha gastado ya.
Comprobar in situ que el móvil chino está bien roto y hace cosas raras.
Mezclar el móvil chino con tu pareja potencial.
Asegurarte de que si no contesta no es por ti.
Alejarte de tu potencial pareja cien kilómetros.
Poner a fuego lento.
Añadir mensajes cada semana o dos, siempre sin esperar respuesta.
Ir bajando el fuego lentamente.
Esperar seis meses.
Servir frio.


Curado. Mano de santo.

El ingrediente más difícil de conseguir es la potencial pareja, pero os puedo asegurar que funciona…

Emoticonos de violines y caritas tristes.



martes, 19 de noviembre de 2013

De enanos, ingenieros y directores de cine


De enanos y directores de cine

Muchos años antes de que Peter Dinklage ganara un globo de oro por su papel de Tyrion Lannister los actores enanos de Holywood tenían otro héroe, nada menos que el señor George Lucas.

Desde siempre el mundo del espectáculo ha sido un medio de vida para los enanos. Ridiculizados durante siglos y siendo la vergüenza de sus padres solo por su baja estatura el circo y el teatro eran una de sus pocas salidas, dar el salto al cine fue un paso natural. Siendo seres pequeños que no llegan a las alturas dominadas por los normales, verse de tamaño gigantesco en una pantalla debió causarles honda impresión. La comunidad de actores enanos de Hollywood pronto fue numerosa, pero como era inevitable, estaban  encasillados en papeles cómicos o de carácter en películas de terror. Contadas veces se han visto en papeles dramáticos o como protagonistas, el destino de cualquier actor con un físico que se salga de la norma.

Antes de Tyrion los enanos de Holywood tuvieron tres momentos estelares en la historia del cine. El primero en la película “Freaks” de Tod Browning, de 1932. Donde no solo tenían papeles dramáticos sino también protagonistas. La película genero gran polémica en su día, pues además de por auténticos enanos estaba interpretado por actores con las discapacidades (entonces taras) reales que representaban sin trampa ni cartón. El enano era enano, el tipo sin piernas ni brazos no tenía piernas ni brazos, etc. (con detalle aquí) Cuentan las crónicas que tuvo que rodarse casi en secreto para evitar las acusaciones de aprovecharse del morbo al usar pobres enfermos con fines comerciales, enfrentándose tanto a la censura (fue de las primeras películas que insinuaba una relación sexual entre un tarado y una normal, horror de horrores) como al naciente estado social en su versión yanqui (New Deal) Después de siglos riéndose de ellos en circos llegaba el momento en que eso ya no podía ser permitido. Debían ser atendidos, curados y normalizados, pues la ciencia estaba para hacer la sociedad feliz, como Punset suele recordarnos. Entonces, los años 30, el método de moda era la eugenesia, supongo que mejor que usarlos con sucios fines comerciales era esterilizarlos por el bien de la sociedad o para que sus genes defectuosos no causaran gastos al Estado en el futuro. Pienso que quizá lo que incomodaba de la película era ver como la “gente que no merece vivir así” ejecutaban su venganza final sin piedad y con navajas, adelantándose muchas décadas a “Acción Mutante

El segundo momento, mucho más amable, fue “El Mago de Oz”, donde aparecía un pueblo entero compuesto por enanos en tecnicolor. A ojos de hoy para muchos resulta una peli vetusta y moñas, pero el impacto en su generación de críos fue comparable al de Star Wars. Después de aquello paso mucho tiempo hasta que los enanos de Holywood tuvieron su siguiente momento estelar, y tanto, pues fue este:



Sin embargo el personaje de R2 siempre dio problemas. En el guion podía quedar muy bien, pero como ponerlo en escena con la tecnología de los años 70 era harina de otro costal. Las cámaras eran enormes, la maquina computarizada que usaron para rotarlas alrededor de las maquetas de naves era como una mesa, y por entonces los efectos por ordenador eran líneas y puntos en laboratorios de ingeniería (de hecho se ven en la película, los planos de la Estrella de la Muerte y el sistema de puntería del caza de Darth Vader eran lo máximo en FX digitales de la época). La dificultad número uno era la aparentemente más simple: como mover el dichoso robotito. Hacer maniobrar a R2-D2 se convirtió en un dolor de cabeza para el equipo de producción: cómo hacerlo girar esquinas sin arrancarle piezas, como frenarlo para que no se chocase por las paredes, ¡cómo hacer que subiera escaleras! De ahí viene la leyenda negra, fomentada por los damnificados, de que Lucas estaba más preocupado de sus maquinitas que de los actores. ¿Pero, qué se podía esperar? Estaba haciendo una película de nostalgia sobre los seriales del espacio que veía de pequeño, el gancho de venta era que llevaba la puesta en escena a otro nivel. No podía quedarse en monigotes, naves tiradas con cordeles y motores hechos con bengalas. Aparte que renovar técnicas que llevaban usándose desde que el cine era cine, tuvo que solucionar muchos problemas nuevos. Basta ver la cinta, incluso retocada, para darse cuenta de las dificultades, casi siempre la escena se corta o la cámara mira para otro lado cada vez que R2 tiene que pasar una escalera o un pequeño escaloncito. Sin embargo hay un instante en que sale subiendo trabajosamente un desnivel…, solo para hacerte pensar “¡Anda ya!” Como usuario de silla de ruedas eléctrica sé positivamente que es IMPOSIBLE que un robot como ese pudiera recorrer el desierto y aún menos un bosque lleno de troncos caídos, raíces traicioneras y socavones ocultos, por no hablar de las arenas movedizas. Por eso cuando lo cogen los Jawas casualmente va por un sitio bien llanito y despejado de piedras.

La solución venia en el guion, se supone que es un androide astro-mecánico, especializado en el mantenimiento y manejo de naves espaciales, lo que se hace obvio al final de la película. Está hecho para andar por escenarios artificiales, como el interior de la Estrella de la Muerte. Sin embargo todo lo que pasa antes está muy cogido por los pelos. Así que la solución fue recurrir al viejo truco, usado desde la época de los autómatas embaucadores del sigo XVIII, de meter un enano dentro que lo guiase por el buen camino. Fue el actor Kenny Baker quien dio vida y carácter a R2, y cuentan las crónicas que es mucho más simpático que el actor que hizo de C3-PO. ¿Esperable, no? Sin embargo en los momentos que no convenía emplear al actor, mover al bicho siguió siendo un problema. Pese a todo el equipo de rodaje lo logró y ya para las secuelas R2 andaba por el plato como un actor más.

Pero aparte de Kenny Baker la razón por la que George Lucas es un héroe para los enanos de Hollywood fue porque les dio trabajo a todos, algo que no se veía desde “El Mago de Oz” En una época donde se sufrían los últimos estragos de la crisis del petróleo y ya no estaba de moda usar enanos en las películas fue un hito importante. Algunos fueron Jawas y todo el pueblo de los Ewoks eran enanos disfrazados de ositos... Muchas mofas se han hecho a su costa, durante años la peor película de la saga fue “El Retorno…” entre otras cosas por su presencia. Pocos “finales” de series de éxito han sido del gusto de los fans, pero no olvidemos que los lindos Ewoks se querían comer a Han Solo.

Pero la relación entre Lucas y los enanos de Hollywood no se quedó en la saga galáctica. Cuentan las crónicas que después del desastre del pato Howard (sic) se planteó llevar al cine la obra de Tolkien, sin embargo pronto se dio cuenta que las dificultades técnicas de llevar adelante una obra de tal envergadura eran muchas y ante las dificultades por conseguir los derechos optó por la opción más sensata, demostrando que como productor a veces tenia mejores ideas que como director: crear su propia historia a partir de una vieja idea suya de inicios de los 70. Fue el comienzo de “Willow” Donde volvía haber un pueblo completo de enanos, y con Warwick Davis (Wicket en “El Retorno…”), en el papel principal. A pesar de ser un hito técnico, al mostrar en pantalla el primer “personaje” hecho íntegramente por ordenador (el caldero aquel del final de la película), la película no obtuvo el gran éxito esperado y no hubo secuelas.

Desde entonces la relación entre Lucas y los enanos de Hollywood fue estrecha, y el hoy ex malvado empresario recibió premios y homenajes (no encuentro link pero lo leí en algún lado). Siendo una de sus pocas acciones que se pueden considerar “luminosa” sin discusión. Pese a todo los actores enanos no dejaban de estar encasillados en películas de fantasía o ciencia ficción, entonces aun consideradas un generó menor. Para dar el salto a papeles “serios” tuvieron que esperar a Peter Linkdale, aunque su consagración popular final no deja de ser una ironía... Sin embargo el paso de las décadas y la ganada respetabilidad no les ha permitido encontrar más trabajo en el mundo del espectáculo. Primero los FX digitales permiten coger a un actor normal, reducirlo de tamaño y clonarlo hasta llenar toda una ciudad de enanos si se quiere. Algo que tienen sentido adaptando a Tolkien, pues los describió así, pero no tanto al adaptar en plan moderno y oscurito Blanca Nieves... Nunca volverá a haber un “Mago de Oz” o una aldea de “Willow”, y parece que últimamente es como de mal gusto emplear enanos en el circo o el humor, supongo que son los efectos secundarios de alcanzar la respetabilidad.




     
De ingenieros y solución de problemas

La historia fue diferente para George Lucas… Aunque parezca increíble todas las soluciones para manejar eficientemente a R2-D2 en plató se olvidaron en el plazo de 20 años. Quizá por la manía de los magos de no confiar sus secretos, quizá por confiar demasiado en los FX digitales tras el éxito de “Parque Jurásico” La cosa que los problemas de ingeniería que tenía R2 eran incluso peores durante el rodaje de “La Amenaza Fantasma” Se volvió a recurrir a Kenny Baker, pero la edad no perdona y ya no estaba para pasarse horas dentro de una olla rodando en el desierto del Sahara. Por la red andan las tomas falsas con todos los tortazos que se dio el dichoso carricoche. Los mandos a distancia no funcionaban, las ruedas se atascaban, tropezaba en las esquinas, no había forma de que diera la réplica. El equipo de producción pasó días y semanas estrujándose el coco intentando averiguar cómo hacerlo funcionar. Era un desastre, y no venía solo: tampoco sabían manejar el muñeco de Yoda, y por más que invocaban la Fuerza no se les aparecía el fantasma de Jim Henson para indicarles como hacerlo. Si lo recordáis antes del último retoque, el resultado fue obvio.

Si yo hubiera estado en el equipo de rodaje les habría dado la solución el primer día con un solo vistazo. ¿Sabéis cuál fue la solución después de semanas de pensar y perder valioso tiempo de rodaje, cuando ya estaban desesperados y casi de casualidad? Usar los motores y el mecanismo de una silla de ruedas eléctrica. Juas. Si hubiera estado allí habría visto el tema. “¿Qué hacemos, tío?” …y hubiera hecho un trompo de 360º haciendo evidente la cosa de la forma mas cinematográfica. “Hostia, claro” Fin del problema.

La conducción de las sillas de ruedas eléctricas es como la de los tanques y excavadoras sobre orugas. Para girar se frenan las ruedas de un lado y se aceleran las del otro. Los tanques más modernos llevan volante, para facilitar la conducción, pero los antiguos se manejaban con dos palancas, una para cada tren de ruedas. Si recordáis la persecución del tanque en “Indiana Jones y la Última Cruzada”, cuando al piloto recibe un tiro y cae fulminado sobre una de las palancas el vehículo -un viejo cuatro latas de la 1ª Guerra Mundial-, gira en redondo de golpe. Con un poco de pericia es la forma perfecta para manejar a R2, pues permite un control bastante preciso y gran maniobrabilidad en espacios pequeños o tortuosos, como un decorado atestado de cámaras, focos y cables por el suelo. Lo raro es que no se les hubiera ocurrido antes.

Sin embargo como en el caso de los enanos, esa solución de ingeniería llegó tarde. Gracias a los FX digitales Lucas pudo darse el desquite, demostrando como R2-D2 podía superar escalones y que efectivamente era un robot capaz de flotar en el espacio haciéndolo volar en pantalla. “¿Y por qué nunca lo vimos antes?” Porque antes los FX digitales consistían en puntos y rayas, gracias George por romper la inmersión. Luego en el Ep. 2 se lo veía subir una escalera, también de forma digital y sin Kenny Baker dentro, mientras un ejército de animadores sustituía a Frank Oz y su marioneta de Yoda. No es ninguna tragedia: hoy cualquier persona podría interpretar a un enano gracias a un disfraz digital, pero un enano también podría interpretar cualquier papel con un disfraz digital. En unos años pocos actores podrán, si se quiere, dejar de ser encasillados por su físico.
   
Decir que todo se hubiera solucionado si yo hubiera estado allí no es un ataque de pedantería imaginaria. Quien dice yo, dice cualquier otro piloto de silla eléctrica. El punto es que a todo un avezado equipo de producción, los ingenieros del cine, no se le ocurriera una idea tan obvia en apariencia. Tipos en sillas eléctrica ya se veían por la calle o la consulta de medico todos los días. La respuesta es sencilla: lo más probable es que ninguno de ellos conociera directamente o tuviera experiencia con una persona que utilizase una silla de ruedas así. Ni familiar, ni amigo, ni pareja. No le encuentro otra explicación.


Una consecuencia de vivir en familia o centrarse en el trabajo es que se acaba viviendo en una especie de burbuja. Se habla del “niño burbuja” para referirse a esos pobres chicos que no pueden salir de su casa no vayan a coger una infección. Pero lo cierto es que la mayor parte de la población occidental vive en una burbuja de aislamiento mental. Pese a Internet nuestro círculo social real se reduce a unas pocas personas y todo lo que nos cuentan o nos enseñan, como siempre ha sido y será. Es fácil pensar que los enanos “no se merecen vivir así” cuando no se conoce personalmente a ninguno, y todo lo que sabes te llega de oídas. Siendo solo un ejemplo de un fenómeno que irónicamente alimentan las redes sociales, cada vez seguimos menos los grandes medios de masas, que consideramos sectarios y manipuladores, pero más los links que comparten nuestros “amigos” en redes sociales. Nuestra propia pequeña secta, pues la mayoría son de nuestro rollo y no del rollo de “los otros”. Al final recibimos la mayor parte de la información a través del tamiz de nuestro rollo, y eso no puede sino limitar nuestra forma de ver el mundo. Las pruebas de ello son el auge de todo tipo de frikismos desde que existe Internet, y el enconamiento y polarización de las posturas en los debates públicos. Cosa que ya se palpaba mucho antes de la crisis.


Es algo que además se agrava con la edad, cuando todo tipo de responsabilidades se nos comen el tiempo y nos aíslan en nuestro pequeño mundo, convirtiéndonos en seres con una acusada deformación profesional, en lugar de la persona de mente abierta que deberíamos ser para podernos manejar en este complejo mundo.


Estar en esa situación es malo sobre todo para un ingeniero o un creativo, pues para crear o dar soluciones a problemas técnicos hay que tener la mente abierta a diferentes ideas y puntos de vista radicalmente distintos al nuestro. Un escritor no solo tiene que pasarse el día escribiendo, también haciendo el vago, yendo al cine o leyendo cosas. Lo que también vale para un ingeniero: hay que tener tiempo para pensar, y recibir otra información de fuentes que no sean las de todos los días. Si eres guionista debes ser capaz de ponerte en la piel de un fascista o terrorista aunque tales personajes te repugnen, porque si no te saldrán caricaturas de personaje que solo despertaran la indiferencia o el desprecio del espectador. No por el personaje, sino por tu trabajo. Lo cual es un flaco favor si lo que se pretende es crear conciencia o hacer pensar. En ingeniería es toparse con un escollo insalvable, al que no vas a verle solución si siempre vuelves a los arreglos de siempre.


Por eso en estos tiempos es imprescindible tener acceso a otros puntos de vista y otras ideas. Por eso es estúpido llenar Internet y la educación de barreras monetarias, derechos de autor mal entendidos y patentes exclusivas. Estos días, a raíz del cierre de Canal 9, se ha visto a muchos economistas de corbata y gomina andar por los debates alabando la desaparición de una tele pública, pues ellos no mantendrían algo que no fuese rentable y más en estos tiempos de crisis. Es algo que se oye mucho. Si escarbas un poco ves que tienen un concepto de riqueza que consiste solo en el beneficio económico monetario. Dicho en llano: dinero. Lo que te produce un escalofrío “¿qué coño están dando en las facultades de económicas?”, pues lo peor es que eso te lo dicen señores catedráticos y profesores de universidad.

Según ellos una tele pública que ofrezca contenidos minoritarios, como documentales de ciencia o arte, no debería existir porque esos contenidos los puede ofrecer el libre mercado. La vieja utopía de la mano invisible: dejad el campo libre a los emprendedores y todo se solucionara solo. Una utopía fracasada, pues vivimos en la distopia capitalista. El mercado libre no existe, pues somos humanos, y ante la libre competencia salvaje nos agrupamos para hacernos más fuertes y sobrevivir mejor. Formamos empresas cada vez más grandes y mafias corporativas que pactan precios, compran políticos para pasarse por el forro las leyes de la competencia, monopolizan patentes innovadoras, devoran a la pequeña empresa y machacan a los autónomos. El mundo está lleno de multinacionales con más poder que muchos estados, gobernadas por ejecutivos que no pagan impuestos y se creen por encima de las leyes. Ya no son hombres de negocios liberales, son aristócratas haciendo puntos para que dentro de un siglo o dos alguien les corte la cabeza. Oh, sí, tienen muchos beneficios, pero la riqueza humana no consiste solo en beneficios, sino en riqueza de puntos de vista, imprescindibles para cualquier tipo de creatividad y también para generar más riqueza económica. Una persona culta y de mente abierta va a generar más soluciones y va hacer a la gente vivir mejor. La distopia capitalista frena eso, y si avanza hacia algún lado es solo siguiendo el camino que le marca la aristocracia, y así ha sido el principio del fin de todos los grandes imperios.  Pues cuando los poderosos se apoltronan en la falta de ideas y cada innovación solo sirve para alimentar una y otra vez la misma burbuja, solo demuestran que ya están acabados y no queda más agua en el pozo.

Un estado que permita a un tipo en silla eléctrica formarse y poder trabajar en una gran producción de Holywood, o salir a la calle para que cierto equipo de rodaje lo conozca le hubiera ahorrado a George Lucas un montón de tiempo y dinero. Y lo mismo puede aplicarse a toda esa gente sin recursos para pagarse todo eso que ofrece el “libre mercado”

He dicho.         

lunes, 11 de noviembre de 2013

Canal 9 (2)

Durante esos primeros años mi experiencia con Canal 9 despertó en mi tierna mente algunas preguntas, pues desde el principio  notaban cosas extrañas. La primera que teniendo ya una televisión dedicada a las noticias de la región, se siguiera emitiendo el informativo territorial de RTVE al medio día. “¿Para qué? ¿No resulta redundante? ¿No es un gasto inútil?” Sin embargo no ha dejado de emitir hasta hoy, donde vuelve a convertirse en el único espacio reservado para las noticias de la comunidad. Y la segunda, mucho más importante. “¿Por qué una televisión pública cuyos ingresos provienen de los impuestos debe cortar las películas con publicidad?” O mejor dicho de otro modo: ¿Por qué debe importarnos si da beneficios, tiene deuda o es o no rentable? ¿Por qué diablos una televisión pública debe gestionarse como una televisión privada, y además, mal? ¿Por qué debe emitir futbol o películas comerciales, con lo que cuestan los derechos ambas cosas? Por definición una televisión pública es un gasto, cuyos objetivos, ser un servicio público o mostrar contenidos minoritarios, por naturaleza, no son de ninguna manera comerciales. “Vamos a cerrar las teles publicas porque no son rentables y por tanto son un gasto prescindible” Es que para empezar las teles públicas NO TIENEN QUE SER RENTABLES NI GENERAR BENEFICIOS PORQUE ESA NO ES SU FUNCION Otra cosa es que sus gestores sean tan (escriba insulto preferido aquí) que las gestionen como si fueran empresas privadas.

El plan siguió tal como estaba previsto y profetizado. La verdad es que no hay mucho que contar, tras aquéllos primeros años donde consiguió cierto éxito de audiencia, algo que le vino en parte gracias a la falta de competencia, -el panorama televisivo de entonces se reducía a RTVE, A3-TV, T5, C+ (codificado menos informativos y alguna cosa más), y las autonómicas-, y al hecho de tener prácticamente el monopolio de los temas de la Comunidad Valenciana o de las noticias valenciano. Después la historia de la cadena ha sido la de una larga decadencia. O sea, cuatro o cinco años de dudas y esperanzas, y 20 años de lenta degeneración. Aunque habría que hacer un análisis de insectos con música a lo CSI para averiguar la fecha exacta de la muerte. Asistiendo al truculento espectáculo de su cierre podemos caer en la tentación de recordar aquellos primeros años, la etapa socialista, con un cristal de color de rosa, pero lo cierto es que las semillas de su lenta caída estaban puestas desde sus mismos inicios.

Si el objetivo de la cadena era promocionar la lengua y el audiovisual valenciano eso ya son objetivos políticos. Loables a primera vista, pero el demonio siempre está en los detalles. ¿Qué variedad de la lengua, bajo que normas gramaticales, a que productoras se hacen contratos, porque ésta sí, ésta no, esta me gusta, etc.? Y claro, si el objetivo de una cadena es en el fondo político, difícil es que no sea también partidista. Si la política española no fuera tipo “ahora que mandan los míos toca hacer cambio de régimen” quizá me creería eso de que hubo un tiempo feliz donde C9 fue una televisión independiente bellamente gestionada hasta que llegaron los malos. Pero no me lo creo. La historia de la televisión pública en España es la de una sucesión de cazas de brujas, y Canal 9 no fue distinta en eso. Después de lo visto en TVE a lo largo de los ochenta, ¿qué se podía esperar tras la victoria del PP?


Los 90: Cambio de Régimen

A mediados de los 90s el mundo empezó a cambiar, se generalizó la televisión por cable (vía satélite), los canales temáticos, ya se hablaba del “inminente” apagón analógico, de algo llamado Internet y de repente todos teníamos móvil en la mano. La primera señal fue que podíamos sintonizar Galavisión, el canal mexicano vía satélite, gracias al cual conocimos al Chapulín Colorado y al Chavo del Ocho, aunque a mí eso ya me cogió demasiado mayor. Mientras que las teles privadas iban sustituyendo las películas de la franja de madrugada por Tele Tienda, Canal 9 cerraba su programación con imágenes subjetivas del recorrido del nuevo tranvía de la ciudad. Era tan entretenido que lo veía antes de dormir... Acostumbrado a trasnochar viendo películas caí en el aburrimiento, cambiando de canal sin parar frustrado. Por suerte llené el vacío con videojuegos y video club. Tiempo después llegaban los canales temáticos de pago y las televisiones locales. Eso impacto en Canal 9, dándose la paradoja que las locales, privadas la mayoría de ellas, daban una información local más extensa y detallada que la propia cadena pública, innovando en formatos que solo después se vieron en Canal 9. Aparte de la nefasta gestión, que hoy ya conocemos con detalle, ahora tenía competencia en lo que se suponía era su target, y tristemente no estuvo a la altura. Las soluciones fueron meter más dinero, y la telebasura.

Donde yo noté el cambio de régimen político fue en la evolución de la programación infantil y juvenil. Desde el comienzo el modelo a seguir había sido TV3. Si aquellos tenían “El Club Súper 3”, un formato realmente innovador en su momento, aquí pronto tuvimos “A la Babala”, llevado por Fani Grande, y luego cambiado a “Babala Club” Era un calco, hasta ponían las mismas series, como ya recordé ayer. Los presentadores actuaban como tres personajes, si en TV3 tenían una especie de Chimo Bayo de casco amarillo, aquí teníamos un Mr. Spok. Los mejores temporadas fueron las de Xoni, Poti i Tiriti, coincidiendo con la emisión de “Bola de Drac Z”, “Musculman”, etc. Una vez llegaron al ente los hombres de Zaplana, y el País Valencia pasó a llamarse Comunitat Valenciana la cosa se empezó a mover, como para dar al tema un aire “más valenciano”. Al principio solo se notó en el cambio de los contenidos, más de producción propia, lo cual por otra parte era lógico, pero el despiporre llegó con la era María Abradelo y la nueva mascota, en el 96 o 97. Viéndolo ahora el que fuera una especie de perro Pitbull queda como… guau, ni hecho adrede… Hay que reconocer que al principio la chica tuvo bastante éxito, con actuaciones por toda la comunitat y pretensiones de convertirse en una especie de Xuxa local. La duda es si fue por méritos propios o por enchufe de las alturas, pues durante años tuvo el monopolio de la programación infantil, y a mí me da que se la acabó cargando. De todas formas para cuando dejó la cadena yo hacía tiempo que no veía Canal 9.

 
Valencia 1997: Tómbola y el Fin del Cine

Siendo justos Canal 9 no fue el culpable de todos los males de la televisión de nuestro tiempo, después de todo no hacía sino seguir la deriva del resto de cadenas, pues el problema no es que fuera publica, sino que competía como una privada. Un mal endémico en todo el país. Si la telebasura en España comenzó con aquel infame programa especial de Nieves Herrero, el mérito de los juicios paralelos fue de Pepe Navarro, que hizo famosos al padre de la niña de Alcacer y aquel presunto criminólogo engominado. Los frikis llegaron con “Al Ataque” de Alfonso Arus con Cardenas, Carlos Jesús, Tamara Seis Dedos y el resto del club. Arus venia además del gran ejemplo para todos que era TV3. El amarillismo, los debates rosas, los invitados de saldo, los debates de mercado, todo eso era algo que se veía venir desde la época del “Videos de Primera” En Canal 9 “Carta Blanca” y “Parle Voste, Calle Voste”, fuero paralelos al Mississippi de Pepe Navarro. “Tómbola” se estrenó en el mismo año que “Crónicas Marcianas”, y hasta el corrupto alcalde de Marbella, Gil y Gil, tuvo un programa en T5 que presentaba desde un yacusi. En el fondo todo eso no era más que la versión hispana de lo que se venía haciendo dese años a en yanquilandia. No inventamos nada, simplemente nos creímos que el europeo medio era culturalmente superior al yanqui medio, y no. Los españoles nos parecemos mucho más a los americanos de lo que nos gustaría. Valencia es la Florida de España. Tenemos sol, paseos con palmeras, pantanos junto al mar, arbustos (Bush) autóctonos, y por supuesto, Corrupción en Miami. ¿Qué será lo próximo? ¿Juegos con papeletas mariposas que sorpresivamente hagan ganar al PP de nuevo? Mientras gente como los británicos aunque tengan un Sun, también intentan tener una BBC.

Con los reestrenos y el run run por las précuelas las películas de la saga Star Wars dejaron de ser rellenos del sábado por la tarde de Canal 9 y se convirtieron en objetos de culto emitidos a bombo y platillo en otro canal. La forma de competir era reducir costes, una buena serie bien promocionada puede dar tanto que hablar como Belén Esteban, como demostró la HBO e Internet, pero es mucho más cara de producir. La televisión en abierto optó por la solución más rentable, el problema llegó cuando Canal 9 y el resto de televisiones públicas se empeñaron en competir por la audiencia en los mismos términos. Los programas del corazón invadieron todas las franjas horarias, desplazando la programación infantil, las películas del sábado noche, el prime time, y cuando pensábamos que ya no podía haber nada peor, llegó Gran Hermano, los triunfitos, el Tomate, y la Tele Tienda fue sustituida por los concursos infames y los futurólogos que llenaban las madrugadas de las locales. Entonces la tele murió para mí, reducida los informativos de la mañana, y los documentales de canal temático, y después ni eso, sustituida casi por completo por Internet. El televisor de mi cuarto lleva años apagado.

Sin embargo durante mucho tiempo Canal 9 fue una de las pocas televisiones que seguía viendo, pues en su inmovilismo todavía ponía películas a la vieja usanza, incluyendo estrenos que le costarían una pasta. Pero eso también fue degenerando, hasta acabar en la película del oeste de la hora de la siesta, que se mantuvo en antena años y años, reponiendo y reponiendo las mismas películas, la mayoría spaghetti westerns de saldo. No fallaron ni la tarde del 11-M, cuando pusieron “El Bueno, el Feo y el Malo” como “programación especial” Cortando los boletines con las tristes armónicas de la secuencia del puente. Tampoco falló un par de noches después, cuando un irreductible Zaplana daba por seguro que se demostraría “no tenga usted la menor duda” que el autor de los atentados era ETA, al tiempo que en la otra cadena un Acebes con barba de tres días y cara de susto ya hacia muchas horas que había tirado la toalla.


La Era de la Hipertrofia

La ampliación de la oferta televisiva privada “forzó” a las autonómicas, embarcadas en su propia deriva, a competir en los mismos términos una vez más, y lo peor, en época de supuesta bonanza económica. Así llego la era de la hipertrofia. Comenzó TV3, añadiendo al ya existente Canal 33, dedicado a la cultura, otro infantil y juvenil, y otro más de noticias 24h de emisión internacional. Por supuesto las demás no iban a ser menos. Como con AVEs y aeropuertos, cada comunidad quiere el suyo. Así, con las audiencias desplomándose, llegaron Punt 2, la versión valenciana del Canal 33, y 24/9, de noticias… Todos estos canales extra también se ofrecían para el resto del país dentro de los paquetes de canales por cable, así que para más inri, había que pagar para ver una tele pública. En Valencia el absurdo era obvio, pues desde los ochenta veíamos TV3 en abierto, ¿si se podía ver gratis, qué sentido tiene pagar por el servicio? En fin, aunque no fueron causa directa de la actual debacle, esos canales si fueron un despilfarro más. “¿Es que se han vuelto locos? ¿Esto para qué? Se supone que es un canal para la región, ¿por qué tiene que tener un canal internacional?” Pues sí, locura, esa era la sensación que me daba al poner la tele en prime time en los últimos años antes de la crisis. A saber que le echarían a la Copa América... Un gran premio de Fórmula 1 urbano teniendo ya el circuito de Cheste…, la visita del Papá… Una foto gigante de Papa Ratzinger con los brazos abiertos presidió la plaza de la virgen durante meses, todos decían que se parecía al Emperador en el Episodio III de Star Wars. “El plan sigue tal como estaba previsto, jajajaja” El resto es historia.


Reflexiones Finales

El problema de Canal 9 y demás ha sido en esencia político. En España nunca ha habido una verdadera liberalización del espectro audiovisual en su versión más clásica con pelucas. “Dejad hacer, dejad pasar” Las licencias de teles privadas siempre han estado controladas desde los gobiernos, por eso se pueden contar con los dedos de una mano, y ya son propiedad de unos pocos grandes grupos de comunicación. Una concentración de medios del mismo calibre que la de EEUU. Eso a la vez que las cadenas públicas compiten como empresas comerciales, y al hacerlo se han gastado millones y millones de dinero de los impuestos en contenidos que debería ofrecer la industria privada.

Una función de Canal 9 y las televisiones autonómicas en general era fomentar la industria cultural de la región. ¿Pero alguien me puede explicar cómo se puede conseguir eso si la propia televisión pública está ocupando el espacio de la industria comercial? Vale que da trabajo a muchas productoras de contenidos y profesionales, pero es que esas productoras y profesionales deberían estar trabajando para un tejido industrial privado que no existe y que no se ha dejado crecer, pues todo cuelga de la televisión autonómica de turno y los contratos que ofrezca, pagados con dinero público. En el momento que eso falla, todo se va a la mierda, y miles de profesionales se materializan en el páramo desierto de Mordor (de tal guisa pintaba la oposición la torre de antenas de la sede del canal en alguna campaña electoral, con el nueve arriba del todo haciendo de Ojo de Sauron) Si Canal 9 hubiera tenido éxito en su objetivo inicial tendría un par de canales privados locales haciéndole competencia en deportes o entretenimiento. No están, porque Canal 9 monopolizaba el espacio con su presupuesto millonario, y no están porque ni unos ni otros lo intentaron fomentar de verdad nunca.

¿En qué debería gastar el dinero una tele pública? Informativos, programas de servicio público, pequeñas cosas minoritarias, como esos programas de cine y libros que nadie ve, danza moderna, o música rara. Un montón de cosas que además serían mucho más baratas de mantener, y por tanto no quitarían dinero destinado a “escuelas y sanidad” (sic)
Y todo esto sin entrar en otro tipo de consideraciones políticas, pues nunca deberíamos olvidar que hidras de varias cabezas como el ministerio de educación, cultura y deporte son evoluciones modernas del ministerio de propaganda, pan y circo de toda la vida. Por eso aunque los gestores de una cadena pública la lleven como una privada, preocupándose de audiencias y tonterías por el estilo, nunca la acabaran de privatizar, pues la necesitan para el auto-bombo. Y en ese limbo es en el que estaban la mayoría de televisiones autonómicas cuando llegó la crisis.

“A guanyar diners, on están, on están, a guanyar diners”…y los ecos fúnebres se pierden por el mediterráneo.


jueves, 31 de octubre de 2013

La completa historia horrible de los EEUU (1)



En las series siempre llega un momento en que algún personaje cuenta su “historia horrible”, aquel trauma de su pasado o aquel secreto inconfesable que lo hace ser como es:  normalmente un personaje de carácter difícil o extraño, o el antagonista, o el malo. La historia horrible justifica sus acciones, y a partir de ese momento lo miramos de forma distinta. El malo ya no es tan malo, y el bueno ya no es tan bueno. Momento repetido tantas veces que ya es un cliché: la “historia horrible” En los mangas psicológicos todos los personajes tienen su “historia horrible”. Ninguno ha tenido una vida simplemente normal. Por supuesto en el mundo real no todo el mundo tiene su historia horrible, hay gente insoportable y malvada simplemente porque sí, sin nada que los redima ni trauma que los justifique. Su historia horrible suele ser para los demás… Cuento todo esto para que se sepa de donde sale eso de la “historia horrible”, con todas sus connotaciones irónicas y/o sarcásticas. 

Oliver Stone contó su incompleta historia horrible de los EEUU, centrándose en la imagen que el mundo tiene del imperio yanqui desde la 2ª Guerra mundial para acá. Yo, en grandes rasgos, esperando no enrollarme demasiado, voy a intentar contarla completa. Pues bien, para comprender al mayor imperio de la historia hay que empezar desde el principio...



1
 
Las Cuatro Eras de la Humanidad




La historia de la humanidad se divide en cuatro grandes periodos, cada uno más corto que el anterior.
 



Era simiesca

El más largo, el primero, duro un par de millones de años, durante los cuales los humanos solo fueron un simio un poco más listo que los demás que sabía usar herramientas, algo no muy diferente a lo que hacen los otros simios listos hoy día. Fue la era de las piedras, palos, huesos y ramitas para rascarse. Terminó con el primer gran salto tecnológico: el uso del fuego, como transportarlo y encenderlo, o sea, el control de una fuente de energía. Gracias al cual se ganó tiempo a la noche, que se aprovechó para inventar la cultura humana contando historias alrededor del fuego.




 
Era de los cazadores y las recolectoras
 
El segundo duro cientos de miles de años en los que los humanos fueron cazadores y recolectores nómadas, durante el cual se inventó el arte, la religión y la dieta escasa pero variada. Los humanos se hicieron más o menos como ahora, simios poco peludos, aunque por entonces eran más altos y fuertes. Todo gracias al gran cambio en la dieta: de comer cuatro hierbajos y carroña a comer de todo: fruta, verdura, pescado, carne... Se suele describir al cromañón como un depredador, obviando la precariedad de la caza. Si un día no tienes suerte te jodes sin asado. En cambio se olvida la otra actividad, más segura, estable y nutritiva, aunque no tan espectacular: la recolección. Pues no deja restos, las cestas y palos para agitar ramas se pudren, las puntas de flecha y los arpones de hueso no. Aparte hay otro pequeño detalle: en las tribus más primitivas la recolección la suelen hacer las mujeres, llegando a aportar más que la caza. Con lo cual la situación entre sexos debió ser bastante más equilibrada de como lo pintan esas bonitas especulaciones sobre el origen de la pareja romántica burguesa en la noche de los tiempos… La actividad estable y segura la hacían las mujeres, y la insegura y peligrosa los hombres, así que difícilmente una mujer iba a buscar estabilidad y seguridad en un hombre de forma natural.





 
Era de la civilización agraria
 
El tercero duró miles de años, a partir del comienzo de la civilización y la domesticación de plantas y animales. Durante el mismo se inventó la escritura, la ciudad, la política y la dieta pobre pero abundante. La población creció comiendo mal por lo que le gente se hizo más pequeña. Mientras que sus antepasado cromañones eran altos y fuertes, por pura supervivencia frente a una naturaleza nada bucólica, la gente civilizada era enana. Por eso en todas las culturas antiguas existe el mito de los gigantes del pasado remoto. Como la selección natural ya no eliminaba a los gilipollas la humanidad se llenó de ellos. Aparecieron diferentes grupos de interés dentro de una misma comunidad, pueblo o ciudad, dando lugar a la conflictividad social y la guerra organizada. Todo a partir de un elemento que no podía existir entre los cazadores y recolectoras nómadas, que solo podían cargar lo que llevaban a cuestas: el almacén de comida. El problema: animales y clanes más antiguos que pasen por el lugar recolectando como de costumbre… “Hostia, un montón de comida sola, que potra” De pronto los animales sagrados se convierten en sucias alimañas y los otros clanes en ladrones, barbaros y salvajes. Por tanto el almacén debía estar vigilado. ¿Quiénes se encargarían de tan ingrata tarea? Pues los cazadores: las alimañas pueden ser peligrosas, hacen falta armas, y los otros clanes tienen otros cazadores, también armados. Ah, pero por lógica quienes con más frecuencia debían aparecer merodeando por el almacén en mitad de la noche eran las recolectoras habituales, o sea, las mujeres. En ese estado de cosas antes o después la lanza pasaría de apuntar a las alimañas a otros hombres, y las lanzas de todos los hombres a las mujeres, y ya está liada.




Era de la civilización agraria patriarcal: propiedad, comercio y monopolio 

La época de la civilización agraria tiene dos periodos, que en su día identificó Marx (no Groucho, el barbudo) El esclavismo y la servidumbre feudal. Pero en esencia ambos parten del mismo principio: la riqueza proviene de la tierra y de los brazos para trabajarla. Sin tierra ni fuerza de trabajo no hay cosechas que llenen almacenes. El poder lo monopolizan los dueños de la tierra, pasando progresivamente de jefes a señores, nobles y aristócratas.
 
Comerciar con el excedente acumulado siempre fue una fuente de riqueza alternativa para todos ellos. Pero pronto esa actividad tuvo sus especialistas: dueños de barcos, animales de tiro, y demás intermediarios: los mercaderes. Solían asentarse en cruces de caminos y lugares de paso, que se convirtieron en pueblos y luego en ciudades. Para facilitar las transacciones los mercaderes empezaron a usar dinero. Con el tiempo algunos de ellos comenzaron a guardar el dinero de los demás, y otros tantos a acumularlo para gastarlo en empresas más grandes. Así aparecieron banqueros e inversores. Pero los dueños de almacenes todavía tenían la fuerza de las armas, pusieron orden en los caminos y empezaron a cobrar impuestos para pagar sus fortalezas, palacios, obras públicas y ejércitos. De modo que aparecieron los Estados y reinos. Los reyes gobernaban sobre los demás nobles terratenientes (el primero entre sus iguales) y sobre los mercaderes de las ciudades (que no eran sus iguales, pero pagaban impuestos).


Toda la economía medieval se basa en el monopolio: el noble o rey debe tener la propiedad sobre la tierra y sus productos pues son su fuente de riqueza y poder. El más rico es quien más y mejores tierras poseía, o más oro o monopolios comerciales. En un sistema basado en la simple acumulación.



Para que ese patrimonio acumulado no se pierda tras la muerte su propietario debe dejarlo como herencia a sus hijos. Tener muchos hijos, además, significa más mano de obra, y más riqueza para la familia. Es en este punto donde mantener vigiladas a las mujeres se convierte en algo fundamental, pues es la manera de asegurar que los herederos sean propios y no de la competencia. El control sexual de las mujeres es clave para mantener el orden social en una economía agraria patriarcal, dado que de él depende la legitimación de la riqueza y la transmisión de la propiedad. Poseer el monopolio sobre una o varias mujeres equivalía a tenerlo sobre un huerto o una vaca, una fuente de riqueza más.
 
Con el renacimiento y la aparición del comercio colonial la economía medieval basada en el monopolio se sofisticó convirtiéndose en mercantilismo. Según las doctrinas mercantilistas los reinos debían acumular riqueza en forma de metales preciosos, materias primas y bienes manufacturados; controlar férreamente las exportaciones e importaciones; comerciar sobretodo consigo mismos y maximizar la mano de obra, pues minas, aserraderos y astilleros requerían mucha. Según el mercantilismo la mano de obra debía mantenerse pobre mediante salarios bajos para que trabajase más y estar poco educada, pues eran trabajos que requerían escasa cualificación y mucha obediencia. Los monarcas absolutos actuaban como señores feudales, monopolizando sus imperios de ultramar como aquellos monopolizaban sus tierras y castillos. El Imperio Español es el mejor y más grande ejemplo de esto: malgastando la inmensa riqueza saqueada de América en vetustos proyectos medievales como la reconstrucción de un imperio romano cristiano y católico. De forma que el país apenas se desarrolló, mientras la mayor parte de los dineros se iban en pagar la deuda con los banqueros genoveses y alemanes...
 


Era presente 
 
La era de la civilización agrícola patriarcal duró hasta el siglo XVIII, el llamado siglo de las luces, durante el cual comenzó la industrialización en Inglaterra, salto tecnológico que aún sigue en marcha. El descubrimiento del fuego se generalizó muy despacio, en muchos miles de años. La domesticación debió durar unos cuantos miles. Apenas llevamos unos pocos cientos de años de industrialización, estamos viviendo en plena convulsión evolutiva y no tenemos idea de cómo será el humano que venga después. Pasamos de simios a cromañones altos y fuertes, y de enanos civilizados a gente "bien alimentada", alta y fofa.

La gente nacida a partir del renacimiento y el descubrimiento de américa por los europeos ya intuía que vivía una revolución drástica en el modo de vida de la humanidad. Pasar de una sociedad basada en el trabajo físico con una difusión de la cultura muy limitada y controlada por las elites, a otra basada en el trabajo de las maquinas con una difusión de cultura cada vez menos limitada y más difícil de controlar. Era un cambio inevitable, pues se necesitaba mano de obra cualificada para manejar las nuevas máquinas, científicos e ingenieros para crearlas, y especialistas formados para administrar una economía cada vez más compleja. Para la gente culta no resultaba difícil darse cuenta que las nuevas herramientas tenían un poder de cambio inmenso, y que a la humanidad se le habría un campo enorme de posibilidades que nunca antes había tenido a su alcance. En este estado de cosas mucha gente llegó a creer que cualquier futuro era posible y que tan solo dependía de nuestra voluntad. Si se permitía que la voluntad de los elegidos por dios triunfase la humanidad se liberaría de sus cadenas.

Así se inventaron los grandes ideales, las utopías, los revolucionarios y reformadores, y la idea de progreso. Cada grupo de interés quería imponer su propia idea de cómo debía ser el futuro a la vez que cada vez más gilipollas seguían vivos, así que la cosa no podía acabar bien. El choque de los ideales con la naturaleza humana llevó los peores conflictos que ha conocido la humanidad. Empezando por las guerras de religión.

Mayflower


Las consecuencias de esas guerras fue lo que motivo que un puñado de puritanos ingleses se exiliase en el nuevo continente, decididos a poner en práctica su propia utopía religiosa, y vivir libremente. Pero resulta que américa ya estaba llena de gente. De hecho dentro del futuro territorio de EEUU se juntaban tres épocas de la humanidad. Pese a que en Europa todavía se nos educa con una idea de progreso lineal, en la que unas épocas se suceden a otras dejando atrás las viejas y obsoletas, -una idea heredada del cristianismo-, en realidad eso nunca ha sido así. Las eras de la humanidad se mezclan, influyen y solapan unas con otras, pues somos una especie joven. En la norte-américa del siglo XVII estaban los indios del interior, que vivían como caza-recolectores, desde las tribus de las praderas a los esquimales en el norte; la civilización agraria, en forma de Imperio Español, de raíces en el medioevo europeo y levantado sobre las tierras de otros indios también civilizados, que cultivaban la tierra y habían fundado grandes ciudades, hoy reducidas a ruinas; y por fin, la nueva forma de pensar que se estaba gestando, y que acabó dando lugar a la revolución americana, y al mundo actual. Sin olvidar los cientos de miles de esclavos africanos que se fueron llevado al nuevo continente para trabajar.

Y de esa mezcla explosiva salieron los Estados Unidos de América...
 


To be Continued
 
 

viernes, 25 de octubre de 2013

La Historia no Contada de los Estados Unidos, de Oliver Stone


1

La semana pasada concluyó en La 2 la emisión de la serie documental “La Historia no Contada de Estados Unidos”, escrita y dirigida por Oliver Stone, y presentada en España durante el pasado festival de San Sebastián. Estrenar una serie en primicia es una de esas cosas raras que hace La 2 en estos tiempos oscuros, aunque lo cierto es que ya se había estrenado en EEUU el año pasado. Después de rumiarlo un poco llega el momento de hacer una especie de reseña.


Aunque antes de empezar vale la pena recordar unos pequeños antecedentes personales.

En mis últimos años de sopor universitario, haciendo como si estudiara la carrera de Historia (que bonito), cogí una de aquellas asignaturas optativas: Historia (que bonito) de Estados Unidos. A lo largo de los seis pseudo-cursos anteriores me había ido interesando en el estudio de las relaciones sociales, y especialmente en los usos y costumbres del poder. La culpa es otra vez de Star Wars: los imperiales tenían los mejores muñecos, naves y maquinas, y bases limpias y ordenadas, no como esos zarrapastrosos rebeldes, oliendo a sudor en la selva y juntándose con Jedi harapientos. Uno acaba teniendo más simpatía por los malos porque siempre pierden, y siente un placer sádico cuando Lannisters, soviets o Imperiales hacen de las suyas. Pues bien, como estaba claro que éramos una provincia del Imperio, escoger esa asignatura resultó elección fácil. Lastimosamente no asistí a todas las clases y no recuerdo si llegué a examinarme, pero el poco tiempo que pasé aprendí algunas cosas interesantes. Una, que me sorprendió a medias, es que muchas cosas que salen en las películas del oeste no son solo americanadas, sino que ocurrieron realmente, así que en realidad el western es una especie de género histórico.

Otra cosa que estudie bastante durante la carrera fue la segunda guerra mundial, así que sobre el tema de la hegemonía yanqui sé unas poquitas cosas más de la media. Esto sucedía poco después de que Bill Clinton bombardease lo que quedaba de Yugoslavia. La diferencia es que en la realidad el imperio siempre gana con fuerza abrumadora que anula cualquier pretensión heroica. Uno no siente sádica revancha viendo el telediario.
 

2 

Sobre el documental, se nota que es una obra de su autor. A diferencia del estilo “Canal de Historia”, lleno de dramatizaciones cutres que aportan más bien poco -aparte de hacer de relleno para meter en una hora algo que se podría contar en 10 min.- en este caso se recurre únicamente a material documental original. Algo nada novedoso, cierto, pero que en este caso destaca por el brillante montaje, como cabría esperar viniendo de Oliver Stone. Siendo capaz de resumir cada idea en una fugaz sucesión de imágenes elegidas a conciencia, dando un eficaz apoyo al texto, narrado por el propio director, que también aparece brevemente presentando y despidiendo la serie, únicos momentos donde lo que vemos no sale de las filmotecas.

Viniendo de Oliver Stone también es de esperar que sea hipercrítico y mordaz con los Estados Unidos, su propio país. De hecho “La Razón” se apresuró a titular “Oliver Stone ataca otra vez a Estados Unidos” en su sucinta reseña sobre la serie. Pero es algo inevitable siendo del director de “Platoon”, “Nacido el 4 de julio”, “J.F.K.”, “Wall Street”, "Asesinos Natos", “Nixon” y “W.”, sin olvidar sus polémicos documentales con Fidel Castro y Hugo Chaves, sus fuertes opiniones políticas y de las otras (aunque hay que decir que sobre el detalle que critica del final de Breaking Bad tiene toda la razón). Todo para dar esa especie de giro extraño, con la superproducción Alexander y al hacer la película americana esperable sobre el 11-S. Esa ambigüedad en su etapa de la pasada década le granjeo cierto descredito tanto en sus seguidores como en sus detractores habituales. Pero como sucede con Michael Moore, el tema es que no deja de ser norteamericano, si es tan crítico con las políticas de su país es porque le pica. Es algo que no comprenden los que se hinchan el pecho y se llenan la boca hablando de anti-patriotismo: si alguien critica algo con pasión es porque le importa. Algo que tampoco entienden los furibundos anti-americanistas de por acá, cuando les descubren la vena sensible. Uno es de donde crece.
 

Cuando me puse a ver “La Historia no Contada…” lo hice con todo eso metido en la cabeza. “A ver qué conspiraciones escandalosas e idas de pinza nos cuenta este ahora” Sin embargo lo que me enganchó fue su rigor. Aparte de detalles menores, como dejar caer que Barcelona fue bombardeada durante en la guerra mundial o dar una imagen demasiado benévola de las acciones de Stalin durante los años 30, no muestra nada que no fuera verdad o que yo no hubiera estudiado en su día. En los luminosos años 90, cuando la imagen de EEUU bajo Clinton era mucho más positiva que tras la oscura era Bush. 
 
El mismo Oliver Stone se presenta a sí mismo como un historiador metido a cineasta. En realidad le pasa como a mí, ha estudiado el tema, ha aprendido tres cositas y luego empieza a delirar y montarse películas en su cabeza. Fue una de las razones por las que dejé la carrera. Es la mentalidad propia de una generación que ha invadido la universidad en masa, para luego dedicarse a otras cosas que tienen poco o nada que ver con lo que estudió. Una cosa es ser historiador, leer las fuentes originales, pasarse la vida buceando en papeles que huelen a viejo, mancharse las manos de polvo, y otra que ya solo te guste la historia… Al menos ser director de cine o guionista tiene un punto en común con el historiador: ambos cuentan historias.    


El problema de “La Historia no Contada…” es que realmente no cuenta nada nuevo o que no se supiera, no desvela secretos, solo añade algunos datos aportados por la historiografía de los últimos diez o quince años, -los pasados desde que deje la facultad- y poco más. En realidad la serie tiene un título engañoso, pues no trata de descubrir cosas que no sepamos, o que no se sepan fuera de EEUU, o en el ámbito académico o entre los frikis de los docus. Debería haberse titulado “La Historia Horrible de los Estados Unidos”, pues de lo que trata en verdad es de mostrar los errores de la política norteamericana desde la segunda guerra mundial, pero no a nosotros, sino al público americano, que mayormente se cree sus propias películas. Desde ese punto de vista sí que es la historia “no contada”. En un principio se iba a titular “La Historia oculta…” Pero no muestra nada oculto, solo un punto de vista distinto al habitual cruzando el charco por el norte. Desmontar mitos bien enraizados, por ejemplo mostrando el verdadero papel de la URSS en la victoria sobre Hitler. Pues la verdadera guerra total se libró en el frente oriental, donde el ejército alemán fue destruido y murieron 20 millones de rusos, mientras que gracias a Hollywood todos hemos llegado a creer que la gran batalla decisiva fue Normandía. Sin olvidar las verdaderas razones del bombardeo nuclear de Japón: demostrarle a los rusos quien era el más fuerte y evitar que desembarcaran en las islas. O recordar como todos aún pensamos que lo de Vietnam fue una derrota americana, cuando el principal perdedor fue Vietnam, que quedó hecho unos zorros.

Así, sin dejar títere con cabeza (o casi, como pongo mas abajo), hasta llegar a Barack Obama, que tampoco se libra. Revelando el dato que Obama ahora mismo tiene activas más flotas navales que incluso durante la guerra fría. Siempre me ha llamado la atención que tantos países tengan bases de una potencia extranjera en su territorio, y que eso sea visto como algo normal... El momento más acojonante de la serie es cuando ya al final te muestra el mapa de la extensión real del imperio yanqui, con todas sus bases, flotas, estados satélites y redes de comunicación, por tierra, mar, aire y espacio. El mayor de la historia, que extiende sus tentáculos azules alrededor de todo el globo.

Hay que ver lo que hace el uso del color para ver bien las cosas O_o (a partir del min. 44:00)




 

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Aunque parezca increíble en Estados Unidos existía una izquierda bastante parecida a la que conocemos en Europa. Ese país se construyó con inmigrantes, muchos pertenecientes a las clases bajas y obreras, que cruzaban el charco en busca de una vida mejor, y como tantas otras cosas importadas desde Europa, también se llevaron el socialismo. Norte-américa no solo era la tierra de las oportunidades desde el punto de vista del libre mercado, sino también por ser la de poner en práctica utopías. Empezando por las religiosas de los radicales puritanos, que llegaron allí desde Inglaterra, pero más tarde también anarquistas libertarios, experimentos sociales, comunidades alternativas, incluso naciones indias con constituciones propias… Sin olvidar su propio estilo de izquierda, que empezó con la independencia, pasando la época del “New Deal” de Roosevelt, -que se podría considerar socialdemócrata- hasta llegar a la lucha por los derechos civiles, los hippies, la antiglobalización, la oposición a las guerras de Bush, etc. Oliver Stone es un buen representante de esa izquierda, y por eso su documental resulta confuso e incompleto.

El error esta en empezar la historia del imperialismo yanqui en la guerra mundial, de forma que Franklin D. Roosevelt y su vicepresidente Henry Wallace aparezcan como una especie de ejemplos de lo correcto, de esa américa que pudo ser y no fue. Como cuando aquí en España miramos la historia y vemos las ocasiones perdidas en que pudimos ser diferentes a cómo somos. La constitución de 1812, la dos repúblicas… Sin embargo, como por aquí sabemos muy bien, el imperialismo yanqui comenzó mucho antes de la segunda guerra mundial, y de la primera. Por poner una fecha, concretamente 1898, o incluso antes. A Oliver Stone lo pierde su idealismo hippie. Su alegato final resulta sonrojante, recetando paz y amor para derrotar al demoniaco complejo militar-industrial... Si realmente cree que “femineizar” sociedad va arreglar el problema es que no conoce a Ángela Merkel… o no escucha a todas esas mujeres maltratadas que alguna vez creyeron que él iba a cambiar por amor.

La confusión es fruto de ese retrato incompleto, que pese a sus intentos por ser ecuánime no deja de tener su punto maniqueo. Pues como toda película tiene sus héroes buenos y ogros  malos, ciegos y equivocados. El detalle donde más se nota esto es en un tema fundamental. ¿Acaso no es un error de EEUU su apoyo incondicional al estado de Israel? Por alguna razón esto no aparece. ¿Sera que Oliver Stone no ha querido meterse en un berenjenal con potenciales acusaciones de antisemitismo? ¿O será que estaba más interesado en mostrar la vinculación de magnates, corporaciones y banqueros con los nazis para lograr un buen golpe de efecto? ¿O simplemente por no hacer la serie demasiado larga? El mismo reconoce que no lo cuenta todo, por algo de titula "de Oliver Stone", es ante todo un ensayo documentado, no oculta su punto de vista subjetivo y personal. Así se  centra sobretodo en el enfrentamiento con los comunistas… como si la situación de oriente medio no fuese parte de la guerra fría, o un motivo directo de la situación actual con el Islam. Eso unido al estilizado montaje, y los saltos atrás y adelante, hacen la serie complicada de entender a ratos. Siendo un ejemplo más de su estilo de hacer cine: yo deje de seguirlo después de “Nixon” por las mismas razones. Intenta ser tan impactante que te pierdes y se te pone dolor de cabeza, y eso en un documental que quiere ser didáctico, es malo. Difumina un mensaje que debería ser claro y comprensible.

Se critica el descredito de las ideologías, y la falta de definición de algunos de nuestros políticos más bonitos y nuevos. Se dice que ahora las ideologías son más necesarias que nunca, pues toca decir las cosas claras y conocer los intereses de cada cual. Todo muy bien, pero luego acabamos con la vieja historia “si no te defines claramente es que sirves a la derecha” Algo que no deja de ser otra forma de decir “o estás conmigo o estas contra mi” Dime de lo que presumes y te diré en que te pareces al enemigo… En un paisaje político tan encasillado como el nuestro, donde al final todo se resume en ser franquista o de la ETA, parece que no queda otra que tratar de escapar del discurso bipolar de la izquierda y la derecha si quieres proponer algo nuevo. Así lo hizo el 15-M, y partidos como Ciudadanos o UPyD, a pesar de tener todos idearios bien definidos. Pues se identifica política e ideología con esa vieja estructura anquilosada. El discurso maniqueo solo consigue ocultar la realidad, y sin una vista completa de lo que ocurre difícilmente se pueden hacer planes de futuro en una época donde las viejas ideologías del siglo XX cada vez sirven para explicar menos cosas. En España oculta la terrible realidad de que estamos gobernados por la misma oligarquía de mediocres desde el siglo de oro, y en el caso de “La Historia no Contada…”, es que la historia completa de EEUU, sin las anteojeras de los malos y buenos, es aún peor de como la cuenta Oliver Stone. Por eso he decidido hacer mi propia versión en este blog… En próximos días “La Completa Historia Horrible de los EEUU”